lunes, 9 de agosto de 2010

Dia 9: KHARKOV- FRONTERA RUSA.


Cuando nos despertamos nos bajamos a dar un homenaje en condiciones en la terracita del hotel, aprovechando que el desayuno ya que estaba pagado. Allí nos encontramos con otro equipo inglés que también había tenido problemas para encontrar una madriguera en la ciudad, y después de comentar las grandezas de las carreteras ucranianas, nos despedimos hasta Ulan Bator.

Después de coger fuerzas dejamos atrás el hotel con la una de las primeras pruebas de fuego del viaje, el asalto a la madre Rusia. Dejamos atras Kharkow a la primera (todo un logro, debe ser que ya empezamos a adaptarnos a la vida después del GPS) atravesando avenidas enormes que claramente habían tenido tiempos pasados mejores.

El camino hacia la frontera la verdad es que no mejoró. La carretera estaba llena de baches y con unas crestas en el asfalto que de vez en cuando le dejaban un recadito al cubre-carter. Si no le hubiéramos puesto el cubre-carter al coche seguramente habríamos tenido algún problema serio.

La carretera era bastante aburrida…rectas de mas de 10 km, rodeadas por llanuras cubiertas por cultivos infinitos de todo lo que os podáis imaginar (girasoles, cebada, trigo,..), y pedazo tractores que hacían que a Pitu se le cayera la baba. Como nos dijo “Ucrania es el país con los tractores mas potentes del mundo después de EEUU”.

A unos 50 km de la frontera el paisaje cambió, y empezó a aparecer una estepa chunga, casi desértica, que nos iba dando una anticipo de lo que encontraríamos al otro lado. Además, empezaron a aparecer muchísimos signos del pasado glorioso de la URSS. Tanques y aviones de guerra al lado de la carretera como quien planta una escultura y carteles de propaganda comunista en las fábricas, muchas de ellas ya abandonadas…

Paramos en una gasolinera a repostar, coche y pilotos, y nos enfundamos las camisetas que nos habíamos comprado en Kiev. Imaginaros la postal, tres tíos se bajan de un Peugeot 106 pintado como si fuera una vaca, y se enfundan las camisetas de la selección española y del barsa. La imagen debió ser lamentable. Además la mia era una XS, y entre el calor y nylon se quedo pegada automáticamente a mi cuerpo como una segunda piel, dejando prácticamente el ombligo al aire. Lo dicho, ¡lamentable!

Ya en la frontera ucraniana la cosa fue bastante rápido. Un militar ucraniano nos hizo vaciar todo el coche para revisar todo…se centro en las medicinas y tuvimos que ir explicándole todo lo que llevábamos en el botiquín, por signos y con un mezcla de ingles y español que funcionó. Lo que mas problemas nos dio fueron unos botecitos de jalea real que el guardia se empeño en probar para asegurarse de que nos fueran narcotics. Acabar la revisión nos pidió un mini present. El calor era insoportable y para acabar pronto le dimos 5 euros y 50 grivnas (unos 5 euros) y nos dejo ir.

Ahora quedaba la invasión a tierras rusas de la vaca. Puede parecer que si hay algo mas duro que un militar fronterizo de Ucrania es un militar fronterizo ruso, pero en realidad no fue tan traumático. Abel y yo tuvimos que volver a sacarlo todo mientras Pitu, como dueño del coche, tuvo que rellenar algunos formularios con la ayuda de un militar que resulto ser muy enrollado y que en ningún momento perdió las buenas formas, aunque Pitu la cago varias veces con lo que había que rellenar en cada campo.

Cuando ya nos habían revisado todo, apareció un militar con ganas de llevarse algún regalito, pero según nos pareció, el amigo ruso de Pitu le paro los pies…y ¡MISION CUMPLIDA! Ya estábamos en Rusia, y lo que era mejor, ¡las carreteras eran muchísimo mejores!

Después de 3 hora y media ya estábamos en Rusia, pero ahora teníamos un problema: una sed animal y no teníamos rublos. Nos bajamos en la primera tienda que vimos e intentamos comprar agua con moneda ucraniana, pero no funciono y la tendera nos echo del garito con malas formas. Pero le dimos pena a una señora rusa y a su hija y nos compraron ¡¡5 botellas de agua congelada!! Le dimos todas las grivnas que nos quedaban y quedamos eternamente agradecidos.

A unos 70 km de la frontera encontramos un hotel de carretera donde pasar a noche y recargar la barra de energía. Unos mafiosos rusos nos cambiaron dólares por rublos para poder pagar la habitación e insistieron en invitarnos a unos vodkas que rechazamos por que podían tumbarnos tal y como estábamos. Aqui si que funcionaron las camisetas y enseguida nos pusimos a hablar de futbol…y si chavales, conocían a Mostovoi y a Valerio Karpin, y sobre todo al CELTA DE VIGO (a pesar del lamentable trato recibido por sus representantes en cuanto al patrocinio de nuestra aventura, y el toreo que nos dieron, incluyendo varios que si que no y finalizando con muchísimos “no se puede poner porque esta reunida”, hay una cosa que nunca cambiará, soy Celtista hasta la muerte, y probablemente mucho mas que ellos).

Después de una cena bastante buena en el restaurante del hotel, que parecía egipcio, nos fuimos a la cama reventados.

Objetivo cumplido, la vaca ya esta en suelo ruso…VAMOS!!!

Saludos a tod@s!!

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