lunes, 9 de agosto de 2010

Día 10. Camino de Astrakan

Hotel de carretera, ducha y desayuno rápido. Nada que desatacar, salvo una especie de arroz inflado caliente con leche, con un sabor muy parecido a la papillas de de los niños pequeños con diversidad de opiniones dentro del equipo sobre su sabor y conveniencia.

Rumbo al paraíso de las mujeres con gustos caros a la hora de cubrir su cabeza el paisaje desértico cada vez iba tomando más protagonismo, desorientados tomamos una carretera secundaria camino de Astrakan, en la que hicimos 50 km en una hora y media, (Yo y mis impulsos), este y el craso error de no quedarnos en Volvogrado hizo que el viaje tuviera mucha miga.

Si somos francos, y siguiendo los pasos de la organización cuando Lorenzo decidía retirarse después de un largo día de trabajo, camino de Astrakan, decidimos parar en un hotel (por llamarlo de alguna manera), en el que descansar y llevarnos algo a la boca. Aquel sitio estaba regentado por dos mujeres con edades incalculables y una especie de matón, el cual se estaba metiendo entre pecho y espalda unas lentejas, que madre mia…
Por agua dábamos dinero, por dormir hasta los zapatos, pero por esas lentejas, que se yo que daríamos por ellas…
Nuestras suplicas y negociaciones no surtieron efecto, no llevar dinero local tenso la cuerda demasiado y tuvimos que seguir camino de noche hacia Astrakan.

El resto de viaje se puede resumir en una frase “Con la policía phemos topado”, dos paradas en ochenta kilómetros con Abel al volante, no se que pasa pero parece que tengo imán, una la solventamos con el Iron-man que Cristine nos regalo y que fue para el policía de turno, la otra por comernos un cebreado en frente de un control. Esta fue más complicada el capi durmiendo y dos “cegaratos” llevando el coche, un Ruso con rasgos Asiáticos, coge la documentación y nos lleva a una caseta rectangular con una farola al lado donde una sintonia de cucarachas voladoras del tamaño de bellotas se golpeaban una y otra vez contra la luz, al final y después de mucha tensión y 25 euros (viva la corrupción) nos dejaron marchar.
En torno a la cuatro de la mañana un macdonalds 24 horas hizo subir la moral a la tropa, a continuación el hotel azimut nos llevo a un merecido descanso.

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