viernes, 30 de julio de 2010

Dia 5: Polonia de este a oeste.

Nos despertamos, más pronto que tarde, y bajamos a recargar la barra de energía con un desayuno basado, una vez más, en café y pan para hacer bulto (pan con mantequilla, pan con mermelada, pan con huevos revueltos…a gusto de consumidor. Incluso alguno lo mezclaba todo).

Salimos a eso de las diez hacía Cracovia dejando atrás nuestro hotel en Bohumin, un palacete fronterizo que evidenciaba tiempos pasado mejores, pero del que agradecemos el buen trato recibido y, sobre todo, el precio: unos 40 euros dormir los tres, incluyendo un apoteósico desayuno…

Tras cruzar la frontera de la Republica Checa a Polonia pillamos camino recto hacia Krakow (Polonia). El día antes nos habíamos quedado con ganas de ver la ciudad, así que ajustamos cuentas. Antes, paramos en un Obi (que es una especie de Leroy Merlin polaco), para comprar unas cadenas y unos candados con los que enganchar bien las ruedas e intentar disuadir a los “amigos de lo ajeno”, aunque viendo como usaba las tenazas el dependiente estoy seguro que si de verdad se lo proponen nos dejan sin recambios y nos quedamos con cara de tolis…

Ya llegados a Cracovia llego el momento de lucimiento de Abel “GPS” Pardo: “dejadme a mi entrar en Cracovia que yo ya estuve, ¡y si conozco un sitio recuerdo como volver!” (los que lo conocéis os podéis imaginar la firmeza y el tono de estas palabras..). Dicho y hecho, tras alguna vuelta de mas (esto nunca lo va ha admitir), nos llevó al centro de la ciudad pasando incluso por una zona peatonal Market Square en coche. Una autentica gurigallada.

Llegamos con una lareca importante así que una vez mas Abel, en un alarde de orientación sin precedentes conocidos, nos llevo al Smacky sin errar ningún cruce por las enrevesadas calles de Krakow (¡me quito el sombrero!). Para mimetizarnos nos tomamos unos pierogi de setas y de carne, que son como una especia de raviolis. Además, nos aprovisionamos de pan de lembas (pan élfico para el camino, parte Frodo, parte raudo y veloz…).

Paseíto por el casco histórico, visita al colegio Mallius (donde estudió el joven Copérnico), al mercado de ámbar, pasadita por boxes en el Mc Donalds (nunca se sabe lo largo que puede ser el camino, y todos sabemos que el Mc siempre es una buena opción), y otra vez en ruta hacia la frontera de Ucrania.

Justo en la salida de Cracovia hacia Rzeszow nos encontramos una caravana de cerca de una hora y media, lo que nos retraso mucho nuestros planes. Además, fuimos alternando muchos tramos de obras durante todo el camino, y cuando hablo de obras me refiero a OBRAS: carriles diminutos, baches (que en muchos casos son auténticos agujeros) badenes, y muchos animales atropellados lo que nos confirma que no es buena idea ir rápido por esta carretera si no queremos colaborar en el control de la flora y fauna autóctona, y llevarnos de souvenir un bufanda de conejo polaco.

Ya entrada la noche paramos en el primer sitio que vimos, el un hotelucho de carretera cerca de Rzeszow (Polonia). Para la cena nos dejamos aconsejar por el camarero y recepcionista y nos zampamos una sopa típica polaca (o por lo menos eso nos dijo él). Una especie de guiso con todo lo que pillaron por la cocina…bastante bueno aunque parece que hay a alguno que ya empieza a flojear, ¿verdad Willy? Por lo que parece las gasolineras polacas nos están muy sucias…

El asalto a tierras ucranianas deberá esperar hasta mañana. Nuestro objetivo: KIEW. El tiempo, la frontera y la carretera dirán…

La vaca y nosotros nos vamos a dormirla que el día ha sido completito.

Desde algún lugar cerca de la frontera ucraniana os mando un saludo muy fuerte.

Besos para ellas y abrazos para ellos. Asis.

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